Como en los últimos treinta y cinco años, el día uno de enero tenemos intención de realizar el ritual de Misogi.

Cuando estas bajo la cascada arropado por la presencia de tus compañeros, sintiendo la fuerza del agua sobre tus hombros, percibiendo como el frio te hace temblar y al mismo tiempo, notando una sensación de indescriptible bienestar interior  “algo” cambia en ti y por unos mágicos segundos todo es pleno, hermoso, vital…

El agua desempeña un papel primordial en las numerosas religiones y creencias del mundo. Fuente de vida, el agua representa el (re)nacimiento. El agua limpia el cuerpo y, por extensión, lo purifica. Estas dos cualidades principales otorgan al agua un estatus simbólico, incluso sagrado. El agua es por consiguiente un elemento clave en las ceremonias y cultos religiosos.

En el sentido más literal de la palabra, Misogi, hace referencia a la práctica de eliminar la suciedad, la contaminación del cuerpo, la mente y el espíritu a través de un baño ritual, con agua fría, en un río, cascada o en el mar.

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