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Cerezas: el placer rojo y sano de la temporada

Llevo una semana poniéndome morado a cerezas. A decir verdad, estaría aún más contento si su precio fuera más bajo.

Y es que ver en las fruterías las variedades más tempranas de cerezas es una auténtica tentación, que inevitablemente hay que pagar. Cuando la temporada de cerezas está en su apogeo y el mercado empieza a inundarse de ellas, los precios bajan y pueden comprarse con mayor alegría.

Su maravilloso color (desde el rojo brillante al carmín oscuro casi negro, según la variedad) es todo un reclamo en la frutería y un anuncio de que el buen tiempo ya ha llegado.

Y eso que en España tenemos la suerte de ser un país productor de cerezas (el quinto principal exportador del mundo y el cuarto en superficie destinada a su producción, por detrás de Turquía, Estados Unidos e Italia), lo que significa que su precio está afortunadamente lejos de lo que se paga por ellas en los países que deben importarlas, lo que las convierte casi en el caviar de las frutas (1)

Y es que aquí se producen con facilidad, sobre todo en Aragón, Cataluña y, por supuesto, en el Valle del Jerte (Cáceres), donde recorrer los pueblos de la comarca para contemplar los cerezos en flor es toda una experiencia para los sentidos.

La floración de los cerezos, que dura entre diez y quince días, no se produce siempre en las mismas fechas, pues depende de las condiciones metereológicas que haya habido durante el invierno, y en el Valle del Jerte suele tener lugar a finales de marzo o principios de abril. Durante la época de recogida, el Valle del Jerte vive volcado en las actividades en torno al “oro rojo”, con jornadas gastronómicas, divulgativas de todo tipo y una actividad de agroturismo en auge que se lleva a cabo hasta agosto: participar en las tareas de recolección de la cereza.

¿Cuáles son las virtudes de las cerezas para la salud?

No sólo es una fruta deliciosa, sino que las cerezas poseen varias cualidades que debemos destacar: son poco calóricas (100 g de cerezas contienen 86 g de agua) y este alto contenido en agua las convierte en un alimento saciante. En términos científicos, tienen una densidad calórica de 0,5 sobre 9 y un índice de saciedad de 4,5 sobre 5. (2)

Se trata, pues, de una fruta cuyo consumo resulta excelente para no engordar y evitar la diabetes: la carga glucémica de una ración de cerezas (100g) es de sólo 7 sobre 100. Pero sepa que las cerezas más tardías tienen un contenido en azúcares más alto, por lo que deberán tenerlo especialmente en cuenta las personas con diabetes.

También son ricas en potasio, lo que limita la retención de líquidos y ayuda a tratar enfermedades autoinmunes neurodegenerativas y enfermedades de los tejidos conjuntivos. Este efecto diurético hace que resulten beneficiosas en caso de gota (hiperuricemia) y de cálculos renales (litiasis), pues facilitan la eliminación de ácido úrico y sus sales, y también en caso de hipertensión arterial u otras enfermedades asociadas a retención de líquidos. Pero precisamente por su alto contenido en potasio, si usted padece insuficiencia renal deberá consumirlas con moderación, pues en estos casos debe restringir el aporte de potasio.

También es alto su contenido en fibra, por lo que tienen propiedades laxantes.

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Hay que destacar igualmente su alto contenido en antocianinas, unos pigmentos de la familia de los polifenoles que tienen una potente acción antioxidante. Las cerezas servirían entonces para prevenir enfermedades del corazón. Reducen el nivel de inflamación de las arterias, como ha demostrado un estudio chino. (3)

Las guindas ayudan a dormir

Existen cientos de variedades de cerezas, que genéricamente se pueden dividir en “dulces” y “agrias”, y también híbridos de las dos anteriores. Una variedad de cerezas, las guindas, que se suelen utilizar por su jugo (por ejemplo en las cervezas belgas a la cereza -kriek), contienen melatonina, la hormona del sueño. Contribuyen por lo tanto a proporcionar un sueño reparador.

Unos investigadores ingleses lo demostraron formalmente. Dividieron a adultos jóvenes sanos en dos grupos y les pidieron que todas las noches, durante 7 días consecutivos, se tomaran un brebaje. El de uno de los grupos se trataba de jugo de guindas y en el otro de un simple placebo. Resultado: el nivel de melatonina era más alto y la calidad del sueño mejor en el grupo que había tomado el zumo de cerezas (4).

Consejos para elegirlas y conservarlas

Cada variedad de cerezas tiene su propio color. Existen denominaciones de origen que certifican con un sello propio la calidad de ciertas cerezas.

Al escogerlas, fíjese que estén limpias y que su piel sea brillante y no esté rota ni presente imperfecciones. Si se comercializan con tallo (algunas se venden sin él), éste debe ser fresco y verde, bien unido al fruto y que en el punto de unión no haya moho. Compruebe también que el fruto no tenga malformaciones (es decir, que no sea doble). En general, las más grandes suelen tener mejor sabor.

Lo mejor es tomarlas cuanto antes, pero si no va a consumirlas en el momento, debe guardarlas en la nevera sin haberlas lavado previamente y sin taparlas, permitiendo que “respiren”. Llegado el caso, incluso pueden congelarse (las que mejor admiten la congelación son las de color más oscuro).

Las cerezas se pueden consumir frescas o preparar con ellas deliciosos postres (tartas, sorbetes, mermeladas, jaleas…), también salsas con las que acompañar otros platos e incluso gazpachos y sopas.

Y un último consejo: las cerezas son muy atractivas para los niños, por lo que son interesantes para ayudar a introducirles en el importante hábito de consumir y disfrutar de la fruta.

¡A su salud!

Juan-M Dupuis