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¿Te acuerdas?

Te acuerdas de aquel maravilloso día en el que por primera vez oíste hablar del Aikido, o tal vez vistes una película o una demostración y algo fuera de lo común se movió dentro de ti, algo que te empujo hacia aquel gimnasio, en el que un día casi mítico empezaste la Práctica.
Aquel lugar mágico cambio tu vida, ¿Que fue lo que te cautivo?
Quizás ese suave escalofrío que recorrió tu columna cuando vistes a uno de los compañeros volar por los aires, proyectado aparentemente sin gran esfuerzo y caer como si no hubiese pasado nada y volverse a levantar, atacar y de nuevo volverse salir proyectado caer, levantarse, atacar…
Tal vez fue aquel gesto de tu profesor, que realizo sin darse cuenta, de una forma natural, y que a ti te pareció ver en ese pequeño detalle, el esfuerzo de una vida, condensado en un instante, para demostrar una técnica, con un nombre muy raro
Recuerdas aquella sensación primera, de estar de rodillas en clase, con el rostro casi desencajado por el dolor de tobillos, los ojos llorosos por el sudor y la respiración descontrolada por el ejercicio exhaustivo, y encima tu profesor que no para de hablar sobre no se que, pues bastante tienes tú con intentar mantener a duras penas una postura digna. Miras de reojo a tus compañeros y a unos se les ve cómodos y hasta felices diría yo, atentos, disfrutando y otros más nuevos como tú malamente consiguen disimular su cansancio y su dolor, bueno por lo menos no soy yo solo, y algo brota de tu interior con fuerza que te dice “merece la pena” y cuando llega el momento de terminar te nace en el pecho una sensación hermosa y sencilla de agradecimiento por el mensaje recibido.
Y por fin caíste totalmente cautivo en ese curso, con aquel profesor al que todos llamaban el Maestro Tamura. Se puso contigo para corregirte una técnica o eso pensaste tú y “algo “te sobrepaso, podrías decir que te impresiono como un hombre de apariencia normal podría tener tanta fuerza, habilidad, destreza…Pero lo cierto es que lo que te impresiono, ni siquiera es la suma de todas esas cosas, sino algo más que seguramente aún te conmueve cada vez que le ves practicar.
Recuerdas aquel día en que después de tantas palabras oídas y leídas sobre la respiración, en medio del tatami, te pareció estar solo, sin ningún compañero a tu lado y como si el Dojo entero y mucho más, penetrase en ti con cada inspiración y algo similar a la Vida o a la Muerte te dejase con cada Expiración.
¿Y aquel momento? En el que durante la realización de una técnica algo te salio diferente y una maravillosa conmoción te envolvió, haciéndote comprender que todo lo que te habían contado del Aikido es verdad y que posiblemente debe de ser algo parecido a lo que tu has experimentado y por fin tienes la sensación de que comienzas a entender.
Si sigues recordando todo aquello que te hizo comenzar y después continuar, con la práctica del Aikido y te sigue pareciendo mas interesante vivir el presente de tú Aikido que recordar el pasado.
Si sigues pensando que en el Aikido existe ese algo “Mágico” que puede ayudar a transformar a las personas, si estas lo desean con fuerza, y que esto necesita una cierta dosis de “sudor inteligente”.
Si todavía sientes y piensas que en el entrenamiento lo importante no es demostrar nada a los demás, a tus compañeros o a ti mismo, que importa poco si eres más rápido o más fuerte que el otro, que uno se prepara y se examina cada día pero solo lo hace ante un tribunal cuando así se lo sugiere su “profesor”.
Si aún te brillan los ojos de pensar en el entrenamiento y aún más de realizarlo. Sinceramente y de todo corazón te digo que es y será un placer y un honor el poder entrenar contigo.

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